sábado, 30 de marzo de 2013

¿Qué Hubiera Pasado Si...? -Fanfic Mujercitas- Capítulo 2: La Descabellada Idea de Anthony

Jo March, nuestra joven y temperamental protagonista, decide ir a vivir a New York para ampliar sus horizontes como escritora, tal y como su amigo Anthony Boone se lo recomendó antes de que éste partiera también hacia la misma ciudad. Pero Laurie Laurence, el vecino adinerado de la familia March, decide él también partir hacia New York para estudiar en la universidad y, algún día, poder declararle su amor a Jo antes de que Anthony lo haga también. El gran problema para ambos muchachos, es que la aficionada escritora tiene un temperamento fatal y es muy poco afecta a las declaraciones de amor... ¿Cual de los dos jóvenes logrará conquistarla?



Capítulo 2: La Descabellada Idea de Anthony

     ¡Hola! ¡Soy Amy! Y desde ahora en adelante les relataré las aventuras de la familia March. Como hemos leído, la nueva vida de Jo en la gran ciudad de Nueva York comenzó desastrosamente, pero sus problemas no iban a terminar con eso porque sus aventuras recién están comenzado en aquella joven e impetuosa ciudad de los Estados Unidos de Norte América. ¿Qué sucederá entre mi hermana y su amigo Anthony? ¡Muy pronto lo leeremos!

     —¡Anthony! ¿¡Me puedes decir qué significa esto! —exclamó Jo muy enojada mientras le indicaba aquel cartel—. ¡Los Kirke no están en su casa! ¡Nadie está en esta casa! ¡Tú tendrías que haberlo sabido, Anthony Boone!
     —¡Pe-pero, Jo! ¡Te juro que yo no sabía nada al respecto! —se defendió el pobre periodista, alzando ambas manos como si las utilizara de escudo frente a la ira de su amiga—. ¡Hace una semana los Kirke estaban aquí, yo mismo los visité para asegurarles tu llegada! Te doy mi palabra de honor que estoy tan sorprendido como tú con éste contratiempo…
     Al notar en el rostro de su amigo un sincero desconcierto, Jo decidió no achacarle más sus problemas y agregó entre triste y preocupada:
     —Perdóname, Anthony, sé que no lo hiciste por mala intención… Es sólo que tengo la impresión de que llegué antes de tiempo…
     —¿Eh? —el joven Bonne no pudo entender a lo que ella se refería.
     Sin más preámbulos, la desesperada muchacha se sentó pesadamente en el umbral de la puerta con actitud muy poco femenina y con las manos en la barbilla.
     —¡Oh, no! ¿Qué voy a hacer ahora? —suspiró angustiada—. ¡No puedo regresar ahora a casa! No tengo dinero suficiente para el pasaje y no quiero molestar a papá con un telegrama pidiéndole su ayuda como si yo fuera una niñita desamparada que no puede resolver sus propios problemas…
     —Yo creo que eso es justo lo que deberías hacer, Jo —le aconsejó Anthony con un dejo de tristeza en su voz al comprender que la estadía en Nueva York de la señorita March había terminado más antes de lo que imaginaba. ¡Adiós planes románticos!
     —¿Eh? ¿Tú crees? —alzó la cabeza y lo miró detenidamente, como si buscara en él un camino a seguir.
     —¡Claro! —sonrió—. Pienso que si no le avisas a tu padre sobre esto, se preocupará y se molestará mucho contigo al saber que no contaste con su ayuda y que le ocultaste cosas.
     —Puede que digas la verdad, Anthony, pero… —volvió a colocar su barbilla en las manos—, yo no quiero molestar a papá con mis problemas. Me demostraré a mí misma que ya soy una adulta y voy a arreglármelas por mi propia cuenta.
     —¡Oh! ¡Vamos, Jo! ¡Pero qué testaruda eres! —replicó—. Haz caso de lo que te digo y mándale un telegrama a tu padre.
     —¡No lo haré! —se negó terminantemente, terca como una mula. Entonces se puso de pie para ponerle mayor énfasis a sus palabras—. ¡Sería una cobardía y una terrible herida para mi orgullo! ¡Ya sabré yo cómo salir de ésta!
     —¿Entonces estás decidida?
     —Completamente decidida.
     —Bueno, qué le vamos a hacer… —suspiró, dándose por vencido—. ¿Qué te parece entonces si yo te presto el dinero para el viaje?
     Josephine se quedó bastante perpleja al escuchar aquella sencilla sugerencia. Nuevamente, Anthony estaba salvando la situación.
     —¿De veras harías eso por mí, Anthony? —le preguntó juntando las manos muy emocionada con la idea y mirándolo con sus ojos grises llenos de esperanza.
     —¡Oh! ¡Vamos, Jo! —el muchacho se puso rojo como un tomate mientras se rascaba la cabeza—. Tú sabes muy bien que yo haría cualquier cosa por ti…
     —¡Bah! ¿Otra vez con esas tonterías, Anthony Bonne? —volvió a molestarse mientras se cruzaba de brazos y le daba la espalda deliberadamente—. Ya te he dicho que no me gusta que digas esas tonterías.
     —Bu-bueno, yo… creo que malentendiste, yo no me refería a eso…—le dijo el joven periodista, un tanto herido en su corazón y juntando la yema de sus dedos índices, sintiéndose muy mal por el rechazo de la chica.
     Pasó un buen rato hasta que Jo sintiera un poco de remordimiento por haber sido tan ruda con su amigo, quien lo único que había hecho era querer ayudarla.
     —Oye…, Anthony… —comenzó a decir con cierta timidez mientras se daba vuelta lentamente.
     El aludido se encontraba apoyado en la pared del edificio con el sombrero tapándole los ojos (como solía hacerlo cuando algo lo perturbaba o lo avergonzaba) y las manos metidas en los bolcillos de los pantalones.
     —¿Sí? —preguntó sin levantar el mentón.
     —Yo… —Jo no podía decirle que lo sentía, su orgullo no se lo permitía por más que luchara contra él, aun era mucho más fuerte que su remordimiento—, yo… Yo creo que… —tragó saliva un tanto avergonzada mientras bajaba la cabeza, metiendo las manos a los bolcillos del vestido y pateando una piedrecilla—. Yo creo que tu idea es magnífica.
     —¿De verdad lo crees así? —el muchacho la miró lleno de felicidad.
     —Pues, claro —replicó rápidamente mientras carraspeaba un tanto nerviosa— es natural que quieras ofrecerme tu ayuda, ya que… somos amigos, ¿verdad?
     —¿Amigos? —repitió un tanto desilusionado, pero enseguida se rehízo y le sonrió amistosamente a la chica—. ¡Pues claro que somos amigos, mi querida Jo! ¡Y de los mejores! ¡Ja, ja, ja!
     Josephine también se rió con él, contenta de que aquel mal momento provocado por ella hubiera pasado tan rápido.
     —Bueno, pasemos a lo que nos interesa: ¿cuántos necesitas, Jo? —le preguntó mientras sacaba la billetera.
     —¿Eh? Este… yo… —Jo, que no estaba acostumbrada a pedir prestado, se sintió bastante incomoda al ver los billetes, pocos billetes en efecto—. Yo… ¡Yo te prometo que te lo devolveré en cuanto pueda, Anthony! —exclamó juntando las manos y con su rostro lleno de preocupación.
     —¡Oh! ¡Vamos, Jo! No es necesario que te pongas así, es sólo un favor que te estoy haciendo como amigo y estoy seguro de que me devolverás el dinero en cuanto te sea posible —trató de tranquilizarla mientras le colocaba una mano en el hombro.
     —Bueno, si lo dices de esa manera… —titubeó—, necesito cinco dólares, puesto que aun me queda algo del dinero que me dio papá y con eso sería suficiente para comprarme el boleto de tren.
     —¿Cinco dólares? ¡Pero mi querida Jo! No es que yo tenga mucho dinero, pero… creo que haces demasiado problema por tan poco…
     —¿A qué te refieres con eso? —quiso saber un tanto ofendida, poniendo los brazos en jarra.
     —A que eres una persona demasiado puntillosa —le dijo tranquilamente mientras se alzaba de hombros.
     —¿Acaso estás criticando mis principios, Anthony Boone? —replicó terriblemente ofendida.
     —¡Oh, no! ¡Claro que no, Jo! ¡Yo admiro tus principios! —se defendió, alzando las manos—, sólo es que creo que… llevas esos principios tan al extremo que hasta llegas a ser… muy intolerante o… fanática.
     —¡¿Eh? ¿¡Pero qué estás diciendo! ¡Explícate antes de que realmente me enoje contigo!
     —¡Espera, Jo! ¡No tienes por qué tomártelo tan a pecho! Lo que yo quiero decir es que no tiene nada de malo que le pidas a los demás siempre y cuando se lo devuelvas y sea por alguna buena causa; además… ¿no has pensado que sería muy egoísta de tu parte el no aceptar alguna ayuda desinteresada de los demás? Harías sentir mal a la persona de buen corazón que quisiera ayudarte y eso sería tan malo como no ayudar a los demás, ¿no te parece? Además, un escritor debe mantener la mente abierta y no ser tan cerrado en sus ideas ¿sabes? Un dicho oriental reza así: "No hay nada más difícil de abrir que una mente cerrada".
     Jo, bastante pensativa, se le quedó mirando fijamente por unos momentos, rumiando aquellas últimas palabras hasta que por fin suspiró cansadamente mientras alzaba las manos en señal de fastidio.
     —Está bien, Anthony, para ser periodista eres bastante convincente con tus monólogos… Y como veo que estás tan interesado en ayudarme, acepto de buena gana tu ayuda.
     —¡Magnífico! —exclamó el muchacho y enseguida sacó los dólares para entregárselo, pero en cuanto Jo estuvo a punto de tomarlos, una anciana, que había estado observándolos desde hacia rato, se acercó a ellos y les dijo:
     —¿Venías a quedarte en esta pensión, queridita?
     —¿Eh? —sorprendida, nuestra joven escritora se dio media vuelta para mirar con extrañeza a aquella mujer—. Sí, señora, esa era mi intención. ¿Por qué me lo pregunta?
     —¡Oh! ¿Entonces eres la señorita Josephine March?
     —Así es, mucho gusto en conocerla —la saludó amablemente—. ¿Cómo es que usted sabe mi nombre y que iba a hospedarme con los Kirke?
     —Me lo dijo la misma señora Kirke antes de marcharse ayer por la mañana, querida —le respondió con una sonrisa.
     —¿Y por qué se marchó tan repentinamente? —inquirió Anthony—. Supuestamente la señora Kirke sabía que la señorita March llegaría este día. Debió haberle avisado mandándole un telegrama.
     —Claro que lo sabía, muchacho, pero lo que ella no sabía era que la pasada noche iba a tener problemas con la infraestructura del edificio.
     —¿¡Problemas con la infraestructura del edificio! —exclamaron al unísono los dos jóvenes.
     —Así es —asintió la vieja mujer, muy orgullosa de ser el centro de la atención de dos jovencitos, pues no siempre se tenía la suerte de que la juventud escuchara con atención a los ancianos—. Lo que ocurrió, es que los vecinos del edificio de al lado (que no son una familia muy respetable que digamos), comenzaron unas refacciones no autorizadas por el ayuntamiento y… bueno, se excedieron con sus "reformas" y perforaron una de las columnas del edificio de los Kirke y no tuvieron otro remedio que evacuar a todos los inquilinos hasta que los obreros corrijan el desastre antes de que el edificio se venga abajo.
     —¿Qué sucedió con los Kirke y sus huéspedes? —inquirió Anthony haciendo gala de su profesión.
     —Bueno, algunos de los huéspedes y los Kirke tenían familiares o amigos a quien recurrir por espacio de unos días, otros buscaron otra pensión en donde quedarse y los demás tuvieron que ser auxiliados por el ayuntamiento.
     —¿Y no sabe cuánto tiempo tomará toda esa reconstrucción?
     —No lo sé, pero creo que más o menos llevará más de una semana.
     —¡¿Más de una semana? ¿Y qué haré yo durante todo ese tiempo? —se quejó Jo sentándose sobre su maleta y llevándose las manos a sus mejillas—. ¡Oh! ¡Pero qué desastroso resultó todo esto! Al fin y al cabo no es mucho tiempo para esperar, irme ahora sería tan inoportuno como quedarme aquí sin tener a dónde ir…
     Preocupado, Anthony, se llevó la mano al mentón en actitud pensativa, tratando de hallar la mejor manera de ayudar a su amiga, hasta que se le ocurrió otra idea, una idea brillante pero arriesgada, dependiendo de cómo se lo iba a tomar su joven amiga.
     —Oye, Jo —dijo al fin.
     —Qué… —respondió ésta de mala gana, sin siquiera levantar la vista para mirarlo.
     —Se me acaba de ocurrir una magnífica idea para que no te veas obligada a regresar a tu casa hasta que el edificio de los Kirke esté en condiciones de volver a recibir sus huéspedes.
     Ella lo miró muy interesada al igual que la anciana.
     —¿Y se puede saber cuál es esa idea magnífica que se te acaba de ocurrir, Anthony Boone?
     —Bueno, pues… yo… —pareció dudar unos momentos, pero finalmente logró reunir el valor necesario—. Sse me ha ocurrido la idea de que tú te quedaras a vivir en mi departamento hasta que todo este asunto se resuelva, Jo.
     Levantándose inmediatamente de su improvisado asiento como si alguien la hubiera pinchado con una aguja, Jo se puso de pie y enfrentó a su amigo con una actitud que estaba muy lejos de ser la que él hubiera esperado.
     —¡¿Qué acabas de decir, Anthony Boone? ¡¿Quieres que vaya a vivir a tu departamento? ¡¿Pero es que te has vuelto loco? ¡Una señorita decente jamás haría tal cosa! —y le dio la espalda, cruzándose de brazos. Estaba terriblemente furiosa y ofendida—. Jamás hubiera pensado semejante cosa de ti, Anthony Boone, me decepcionas enormemente. Creo que nuestra amistad acabó en este mismo momento.
     —¡P-pero, Jo! ¡No me entendiste! ¡No me dejaste acabar! —exclamó con desesperación el pobre muchacho, colocándose de modo suplicante delante de su amiga, quien hizo a un lado la cabeza para no tener que mirarle a la cara.
     Mientras, la anciana seguía observando atentamente aquella escena.
     Mira, Jo, te lo explicaré y ya verás que no hay nada deshonroso en lo que te estoy proponiendo —le expuso con voz calmada mientras la tomaba por los hombros para que ella lo mirara a la cara—. Mi idea es esta: tú te quedas a vivir en mi departamento hasta que todo esto se arregle, y mientras tanto, yo me iré a vivir por unos días en mi oficina del periódico en el que trabajo.
     Jo lo miró de reojo, entre desconfiada y avergonzada por haber reaccionado tan violentamente.
     —Y… ¿cuánto tendré que darte por el alquiler?
     —¿Alquiler? —sonrió el joven periodista mientras extendía los brazos—. ¡Pero, Jo! ¡No tienes porqué pagarme nada, mi querida amiga! ¡Un favor de amigos no se paga jamás!
     Sin saber exactamente qué hacer, la jovencita miró a la mujer como si quisiera alguna opinión al respecto, y ésta, no se hizo de rogar.
     —¡Vamos, hija! ¡El chico le ofrece su ayuda con toda sinceridad! ¡Acepte y no lo dude más!
     Alzándose de hombros, Josephine murmuró que, después de todo, no tenía nada de malo si Anthony no iba a vivir en el departamento mientras ella estuviera allí. Además, le atraía de sobremanera tener que vivir completamente sola por algunos días. ¡Sería una experiencia magnífica para una aspirante a escritora como ella!
     —Bueno, está bien —le dijo al fin mientras alzaba su maleta—. Acepto tu propuesta, Anthony, yo permaneceré en tu departamento hasta que los Kirke regresen.
     —Me alegra que al fin fuiste razonable, Jo —replicó inocentemente el aludido, pero Jo no se lo tomó de esa manera, por lo que protestó inmediatamente mientras alzaba su puño en contra de él.
     —¡¿Qué quieres decir con eso, Anthony Boone? ¡¿Me estás acusando de ser poco razonable?
     —¡No! ¡No! ¡Claro que no, Jo! —se defendió mientras agitaba las manos apresuradamente—. ¡Quise decir que por fin has aceptado algo mío sin objetar nada!
     —¡Oh, vamos! No es para tanto… —se quejó mientras comenzaba a caminar por la acera acompañada por su amigo luego de que éstos se hubieran despedido de la vecina de los Kirke—. ¿En dónde vives?
     —Por la otra dirección —respondió sonriendo pícaramente.
     —¡Oh! ¿Y recién me lo dices? ¿Es que acaso quieres burlarte de mí, Anthony Boone? —protestó mientras se daba media vuelta y seguía caminando seguida por el muchacho.
     En el momento en que Jo se cruzaba nuevamente con la anciana, la miró y le dijo:
     —¿Podría decirle a la señora Kirke que ya estoy aquí y que no se preocupe por mí porque ya encontré un lugar en donde quedarme? Volveré aquí cuando todo esté listo.
     —Se lo diré, jovencita, pierda cuidado que lo haré —le respondió amablemente.
     Luego de despedirse cortésmente por segunda vez de aquella buena señora, Jo y Anthony se fueron caminando por la acera en dirección hacia el edificio en donde él vivía.
     —¿No quieres que yo lleve tu valija, Jo? Se nota que está algo pesada… —le preguntó al notar que su amiga la llevaba alzada de la manija con las dos manos.
     —No gracias. Puedo yo sola —le contestó tozudamente.
     —Te vas a cansar, no es un trayecto muy corto que digamos —insistió—. ¿O prefieres tomar un coche?
     —No hace falta, ya verás que sí podré.
     —Bueno, como tú quieras —dio un suspiro de frustración mientras metía las manos en los bolcillos, dándose por vencido.
     Jo, quien se había dado cuenta de eso, comprendió que nuevamente no había sido muy amable con él después de todo lo que había hecho por ella, así que decidió que debía cambiar de actitud y ser menos rezongona.
     —Oye, Anthony… —comenzó a decir mientras le dirigía una mirada de soslayo—. Yo… Yo quiero agradecerte por todo lo que estás haciendo por mí.
     Anthony sonrió lleno de felicidad al escuchar eso.
     —¡Oh! ¡No es nada, querida Jo! Un amigo hace cualquier cosa por otro amigo, ¿no es así? ¡No tienes nada de qué agradecerme! —y se rió de muy buena gana mientras se llevaba la mano a la nuca.
     Luego de caminar otro rato en silencio, Anthony notó que a Jo ya se le había hecho más difícil llevar la valija.
     —¿En serio no quieres que te ayude con eso? Puedo llevarla yo, ¿sabes, Jo?
     —No, te he dicho que puedo hacerlo yo sola —volvió a replicarle con tozudez.
     —¡Oh! ¡Vamos, Jo! ¡Permíteme ayudarte y ya deja de ser tan terca! —rebatió el muchacho mientras trataba de tomar el mango de la maleta.
     —¡No! ¡Te he dicho que yo sola puedo hacerlo, Anthony Boone! —se quejó la muchacha, tratando de evitar que él la tomara.
     Y bajo la perspicaz mirada de la vieja mujer, quien ya estaba convencida que el muchacho estaba perdidamente enamorado de la chica, los dos jóvenes se fueron alejando del futuro hogar de Jo, en donde, tal vez, estaría escrito su futuro.

     Mientras mi hermana Jo y su amigo Anthony se entretenían peleando por culpa de una maleta, ni ellos ni todos nosotros en casa nos íbamos a imaginar cómo Laurie se iba a tomar la noticia de que Jo se quedaría por unos días en la casa de aquel periodista que siempre andaba por detrás de ella… Y ahora que lo pienso mejor, ¿es que Jo es tan tonta que nunca se da cuenta de que los chicos mueren por ella? ¡Cómo me gustaría que los chicos hicieran cualquier cosa por mí!

Lee el capítulo anterior...                                                                   

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