domingo, 11 de septiembre de 2016

Cuentos de Hadas Japoneses: El Viaje de la Medusa

Cada cultura tiene una forma especial de contarnos cuentos, pero, de todas ellas, quizá sea la japonesa la que desprenda un encanto especial.
Como si de un dulce perfume se tratara, los cuentos de hadas japoneses exhalan, con gran delicadeza, la esencia de todas las historias que se vivieron en la Tierra del Sol Naciente hace muchos años, tantos, que nadie se atrevería a jurar que fueron ciertas. Puede que estos cuentos en los que aparecen bailarinas y geishas de largas cabelleras, cortejos y amores con viejos samurais, dioses, diosas y seres sobrenaturales nos enseñen a sufrir y a amar, como humanos que somos, y acabemos sabiendo más cosas que los inmortales.

El Viaje de la Medusa
 

Hubo un tiempo en que la medusa era ciertamente hermosa. Sus formas eran muy bonitas, redondas como la luna llena. Tenía escamas brillantes, aletas y cola, como otros animales del mar, pero no sólo eso. También tenía unos pequeños pies con los que podía andar sobre la tierra al igual que nadaba en las aguas. Era feliz y vistosa, muy querida por el Rey Dragón, el cual confiaba en ella. A pesar de todo esto, su madre siempre decía que acabaría mal, pues no prestaba atención en la escuela ni aprendía las lecciones, y tenía razón. Fijaos, si no, en lo que le ocurrió.
El Rey Dragón acababa de casarse cuando su esposa, la Reina Dragón, cayó gravemente enferma. Tuvo que guardar cama y los hombres sabios del País de los Dragones decían que su última hora estaba muy cerca. Llegaron médicos de todos los confines del mundo que le recetaron medicinas y la sangraron, pero no servía de nada: no podían curar su enfermedad. ¡Pobre Reina! El Rey Dragón la velaba:
—Amada mía —dijo el Rey a su pálida esposa—, daría mi vida por ti.
—Eso no me ayudaría mucho —respondió ella—. Pero si pudieras conseguirme un hígado de mono, me lo comería y podría vivir.
—¡Un hígado de mono! —exclamó el Rey Dragón—. ¡Un hígado de mono! No sabes lo que dices, oh luz de mis ojos. ¿Cómo podría conseguir yo un hígado de mono? ¿Acaso no sabes, amor mío, que los monos viven en los árboles de los bosques y que nosotros estamos en el fondo del mar?
Gruesas lágrimas cayeron por el precioso rostro de la Reina Dragón.
—Sin el hígado de mono, moriré —afirmó.
Entonces el Rey Dragón mandó que hicieran llamar a la medusa.
—La Reina necesita un hígado de mono para curarse de su enfermedad —dijo.
—¿Y qué hará con el hígado de mono? —preguntó, extrañada, la medusa.
—Se lo comerá —respondió el Rey Dragón.
—¡Oh! —exclamó la medusa.
—Ahora debes ir a buscar ese hígado de mono y traérmelo —dijo el Rey—. He oído que los monos viven en los grandes árboles de los bosques y las junglas. Nada veloz, oh medusa, y trae de vuelta, contigo, un mono.
—¿Cómo conseguiré que el mono venga conmigo? —preguntó la medusa.
—Háblale de todos los placeres y las maravillas del País de los Dragones. Cuéntale que aquí será feliz y que podrá jugar con las sirenas todo el día.
—Bien, eso le diré —dijo la medusa.
La medusa partió. Nadó y nadó hasta alcanzar las costas en las que crecían los altos árboles y allí, desde la copa de un árbol, vio a un mono sentado en las ramas que comía caquis.
«Ahí está lo que busco; estoy de suerte», pensó la medusa.
—Noble mono —dijo—, ¿vendrías conmigo al País de los Dragones?
—¿Cómo puedo llegar hasta allí? —le preguntó el mono.
—Sube a mi espalda —contestó la medusa—; yo te llevaré, no habrá ningún problema.
—¿Y por qué debería ir yo a ese país? —dijo el mono—. La verdad es que aquí estoy muy bien.
—¡Ah! —contestó la medusa—, está muy claro que no conoces las maravillas y los placeres del País de los Dragones. Allí serás feliz día y noche. Conseguirás honor y riquezas. Además, podrás jugar con las sirenas desde el alba hasta el anochecer.
—Iré —afirmó el mono.
Bajó del árbol y saltó a la espalda de la medusa.
Cuando estaban a mitad de camino del País de los Dragones, la medusa empezó a reír.
—¿Por qué ríes, medusa?
—Río de alegría —dijo la medusa—. Cuando lleguemos al País de los Dragones, mi amo el Rey Dragón te sacará el hígado y se lo dará a mi Señora, la Reina Dragón. Ella se lo comerá y entonces se recuperará de su enfermedad.
—¿Mi hígado? —preguntó, asombrado, el mono.
—Tu hígado, por supuesto —contestó la medusa.
—¡Qué desgracia! —exclamó el mono—, lo siento de veras, porque si lo que quieres es mi hígado, no lo llevo conmigo. A decir verdad, pesaba muchísimo, así que me lo saqué y lo colgué de una rama en aquel árbol donde me encontraste. Rápido, volvamos a buscarlo.
Volvieron atrás y en un abrir y cerrar de ojos el mono subió al árbol.
—¡Ay, pobre de mí! No lo veo por ninguna parte —dijo—. ¿Dónde puedo haberlo perdido? No me sorprendería que algún desaprensivo me lo hubiera robado.
 Ahora decidme: si la medusa hubiera prestado más atención a los libros de la escuela, ¿hubiera podido el mono engañarla de esa manera? Seguro que no. Por eso su madre siempre le dijo que acabaría mal.
—Necesitaré algún tiempo para encontrarlo —dijo el mono—. Será mejor que regreses a casa, al País de los Dragones. El Rey te echará de menos si no estás de vuelta antes del anochecer. Puedes venir a buscarme cualquier otro día. Sayonara.
La medusa y el mono se despidieron y separaron como buenos amigos.
En cuanto el Rey Dragón vio llegar a la medusa, le preguntó:
—¿Dónde está el mono?
—Iré a buscarlo otro día —respondió la medusa.
Y le contó la historia. El Rey Dragón montó en cólera; llamó a sus verdugos y les ordenó castigar a la medusa.
—¡Rompedle todos los huesos! —gritó, furioso—; ¡convertidla en gelatina!
¡Ay, qué triste destino el de la medusa! En gelatina se convirtió, y gelatina es hasta el día de hoy.
En cuanto a la joven Reina Dragón, se hizo un hartón de reír cuando oyó la historia.
—Si no puedo conseguir un hígado de mono, ya me las apañaré sin él —dijo—. Traedme mi mejor túnica de brocado. Voy a levantarme de la cama, pues la verdad es que me encuentro mucho mejor.

Fin

Cuento extraído del libro "Cuentos de Hadas Japoneses",
 Colección Magoria, 1999,  por Ediciones Obelisco
¡No dejes de comprar el libro impreso en cuanto puedas! ¡Ayuda al autor!


¡Nos leemos en la próxima entrada! 
¡Gracias por visitar mi blog!
¡Cuídense!
Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu


2 comentarios :

  1. ¡Hola! Simplemente, me queda a decir que siempre he considerado la literatura japonesa muy peculiar y cuando leo sus cuentos de hadas, no me queda más que rectificar esto xD Me encantan.

    Me dio mucha penita la medusa :,D

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seh... son bastante peculiares... sobre todo tristes... :(( No sé decir si me gustan o no, o tal vez no me convencen mucho, je :)
      ¡Gracias por comentar! :>)

      Eliminar

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